En el ámbito del proceso penal, donde la búsqueda de la verdad se entrecruza con los derechos de las partes y las exigencias del debido proceso, la figura del perito de parte se erige como una herramienta fundamental para garantizar la equidad, la transparencia y la eficacia de la actuación judicial. Su intervención técnica permite a abogados defensores y querellantes acceder a una comprensión más profunda de la prueba pericial, lo que repercute directamente en la calidad de los argumentos jurídicos y en el resultado del juicio.

En esa lógica del trabajo jurídico, contar con un perito contador, informático, médico o calígrafo que coadyuve con la tarea del letrado resulta fundamental para que la teoría de caso de la parte pueda ser desarrollada con mayor solidez.

La complejidad creciente de los delitos que se investigan —como los económicos, los informáticos o los relacionados con la salud— hace que el conocimiento técnico especializado sea una condición ineludible para entender, discutir o cuestionar las pericias oficiales. En este escenario, contar con un perito de parte implica disponer de un profesional que no solo asesora técnicamente, sino que también actúa activamente en la estrategia de litigio, ayudando al abogado a formular los puntos de pericia, detectar inconsistencias y, en última instancia, construir una hipótesis alternativa sólida.

Perito es aquella persona que, ajena a un proceso, informa en él acerca de cuestiones atinentes a su objeto que requieren de conocimientos especiales en alguna ciencia, arte, industria o técnica [Roberto Raúl Daray].

Desde una perspectiva procesal, la incorporación del perito de parte es un ejercicio legítimo de los derechos de defensa y de participación en la producción de la prueba. De hecho, la doctrina procesal moderna reconoce que el conocimiento científico no es propiedad exclusiva del Estado, sino que debe estar abierto al escrutinio y la confrontación de las partes. En este sentido, la intervención del perito de parte cumple una doble función: por un lado, colabora en el control técnico de las pericias oficiales; por el otro, permite generar nuevas líneas de investigación que podrían haber sido ignoradas o descartadas por el perito judicial.

Para el abogado defensor, la intervención temprana del perito de parte puede ser decisiva. Desde el inicio del proceso, su mirada técnica puede ayudar a establecer si la prueba fue obtenida respetando los principios de legalidad, cadena de custodia y protocolos existentes. También puede asistir en la realización de pericias independientes que contradigan, relativicen o refuercen conclusiones fundamentales para la acusación. Esta tarea es especialmente relevante en causas donde la prueba científica se presenta como irrefutable, siendo precisamente allí donde un abordaje crítico resulta más necesario.

En el caso del abogado querellante, el perito de parte también representa una herramienta clave para robustecer la acusación y evitar que el caso se debilite por omisiones técnicas o interpretaciones erróneas de la prueba. El experto puede orientar la solicitud de nuevas diligencias, colaborar en la formulación de objeciones fundadas y ofrecer explicaciones alternativas que refuercen la tesis de la parte acusadora.

Cabe destacar que, en muchos casos, la sola presencia del perito de parte durante la producción de la prueba oficial ya introduce un mayor rigor en el procedimiento. Su rol no solo es activo, sino también disuasivo: su eventual crítica técnica al trabajo del perito oficial genera un incentivo para que este último actúe con mayor precisión y cuidado, en previsión del posible interrogatorio o informe técnico contradictorio.

La experiencia muestra que los litigios más complejos y mejor argumentados suelen contar con equipos interdisciplinarios donde abogados y peritos trabajan en conjunto. Esta sinergia no solo eleva el nivel del debate judicial, sino que también permite que el juez o tribunal cuente con un panorama más completo para tomar decisiones fundadas. Así, el perito de parte deja de ser un actor periférico para convertirse en un verdadero protagonista del proceso penal moderno.

En definitiva, en un sistema acusatorio adversarial, donde el equilibrio entre las partes es condición esencial para la justicia, la participación de peritos de parte no es un lujo ni una formalidad: es una necesidad. Su intervención permite construir un proceso más transparente, más técnico y, sobre todo, más justo.